A la hora de instalar paneles solares, siempre surge la duda: ¿Con o sin baterías? Una instalación con baterías permite maximizar el ahorro, al aprovechar más las horas de sol almacenando energía para la noche, pero encarecen la instalación. Además, su durabilidad es menor que la de los paneles. Por suerte, con las baterías LFP para fotovoltaica la cosa cambia…

Hace años las baterías que más se utilizaban eran de plomo ácido. Las de litio eran más caras, pero gracias a que permitían mayor número de ciclos de carga, podían ser rentables a largo plazo. Por lo que se han ido imponiendo.

Pero el litio es un mineral escaso, y hoy día las baterías de litio tienen muchísimas aplicaciones: teléfonos móviles, vehículos, tablets… hasta los cepillos de dientes eléctricos utilizan estas baterías.

Eso hace que los costos hayan subido, en especial este último año, pero por suerte, la tecnología sigue mejorando y han aparecido alternativas.

Elementos como el litio, el níquel o el manganeso son comunes en las baterías, pero en los últimos tiempos ha cobrado fuerza el uso de alternativas como los fosfatos de hierro o ferrofosfatos. A este tipo de baterías se las conoce como LPF o LiFePO₄.

Se trata de una variante de la batería de litio convencional donde este material se sustituye en su mayoría por láminas de fosfatos de hierro. Al reducir el uso de litio resultan más económicas. Pero no es el precio su única ventaja.

Asimismo la combinación de litio y cobalto es altamente tóxica para los seres vivos y el medio ambiente, lo que dificulta el reciclaje de estas baterías. En cambio, los ferrofosfatos son completamente inocuos.

Batería de Litio LFP Goodwe. ¿Con o sin baterías?

Es decir, que son más ecológicas.

Para la industria, la gran ventaja de las baterías LFP es su bajo coste de producción, por lo económico de sus materias primas en comparación con el níquel, el manganeso o el aluminio.

Pero la verdadera clave de esta tecnología es su estabilidad química, que propicia una degradación muy leve a largo plazo. Por ejemplo, después de 3.000 ciclos de carga y descarga, una batería LFP aún tiene disponible un 80% de su carga nominal. Esto es mejor rendimiento que la mayoría de baterías precedentes.

Asimismo, esa estabilidad química es también térmica. Las baterías LFP para fotovoltaica son mucho menos sensibles a las altas temperaturas. Esta cualidad reduce las posibilidades de sufrir problemas de sobrecalentamiento o incluso, el incendio o la explosión de las celdas.

Es decir, también son más seguras.

Por esto, últimamente en la mayoría de casos instalamos baterías GoodWe LiFePO₄, que tienen garantía de 10 años a un rendimiento mínimo del 70%. Lo habitual es que duren mucho más. Tiempo de sobra para amortizarlas, y aprovechar al máximo la energía que generan nuestros paneles.

Aunque el autoconsumo con compensación es otra opción, al precio que se paga la energía que generamos es más rentable almacenarla. Es verdad que aumenta el costo de la instalación, pero también su rentabilidad.

La mayoría de personas que las tienen instaladas se plantean aumentar el número de baterías en el futuro, para evitar utilizar la red eléctrica ni en las horas de menor precio. Esto dice mucho sobre su satisfacción con las baterías. En cualquier caso, cuando realizamos instalaciones sin baterías, las dejamos preparadas para que puedan incorporarse en el futuro.

Aquí puedes ver la ficha de las baterías LiFePO₄ que instalamos últimamente. Si tienes cualquier duda o necesitas más información, no dudes en ponerte en contacto con Estudio Termosolar.

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