El azúcar es un elemento básico de nuestra dieta, pero si reducimos su consumo, aparte de los beneficios obvios para nosotros mismos, también estamos ayudando a luchar contra el cambio climático. Vemos cómo se relacionan el azúcar y cambio climático.

azúcar y cambio climático
Azúcar y cambio climático, imagen por Tijana Drndarski (pexels.com)

El azúcar blanco común, también denominado sacarosa, es un disacárido formado por glucosa (alfa-glucopiranosa) y fructosa (beta-fructofuranosa). Es el pricipal edulcorante utilizado en la alimentación humana.

El azúcar proporciona energía rápida pues se digiere y absorbe rápidamente.

Contribuye a mantener el nivel de glucosa sanguíneo necesario para el funcionamiento de las neuronas y sistema nervioso, y proporciona energía rápida a los músculos y el cerebro.

Algunos estudios han encontrado relación entre el consumo de azúcar y la mejora de la memoria a corto plazo, especialmente en personas de edad avanzada o durante procesos intelectuales como el aprendizaje.

En cualquier caso, cuando se publican los resultados de un estudio, es importante ver quién lo financia, ya que existen evidencias de que el los años 50 del siglo pasado ya se conocían algunos de los efectos perniciosos del azúcar, y la industria azucarera los silenció.

Cuando estas investigaciones parecían indicar que el azúcar podría estar asociado con enfermedades coronarias y con el cáncer de vejiga, se cerraron los proyectos de investigación sin publicar los resultados.

¿Cuánto azúcar debemos consumir al día?

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que el consumo de azúcar debería ser muy moderado: señala como tolerable unos 50 gr al día y como aconsejable un máximo de 25 gr.

Hay refrescos y bebidas energéticas que con una sola lata ya duplican estas cantidades.

Recordemos que el azúcar que consumimos no es sólo el que nos ponemos con el café. Muchos alimentos (en especial los procesados) vienen con altas cantidades de azúcar.

Si nos fijamos en la información nutricional, podemos saber las cantidades de azúcares que trae cualquier alimento.

El problema cuando ingerimos mucho azúcar (o hidratos de absorción rápida) es que la cantidad de glucosa en sangre se dispara, y nuestro cuerpo regula esto produciendo insulina. Si hay mucha glucosa, producimos mucha insulina, y esto no se detiene de golpe cuando llegamos a niveles normales, sino que la producción de insulina baja poco a poco.

¿El resultado? acabamos con menos glucosa en sangre de la que deberíamos, y nos vuelve a entrar hambre.

Es decir, si consumimos menos azúcar, e hidratos de absorción lenta (por ejemplo, integrales, que se digieren mas despacio) la sensación de saciedad dura más tiempo. Tardamos más en volver a tener hambre.

Efectos negativos del azúcar

Los mas conocidos son enfermedades cardiovasculares, sobrepeso y obesidad. También hipertensión, diabetes, problemas bucodentales e incluso cáncer.

Hay otros efectos negativos que aún están en investigación, pero se ha encontrado relación entre el consumo de altos niveles de azúcares y problemas de memoria, alzhéimer, ansiedad y depresión, problemas en la piel, e incluso casos de adicción (como con algunas bebidas azucaradas).

Azúcar y cambio climático

Según un estudio de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), publicado en la revista científica Nature Sustainability, las políticas de imposición de impuestos al azúcar permitirían alcanzar objetivos contrapuestos de sostenibilidad ambiental, salud pública y recuperación económica, ya que el azúcar es posiblemente uno de los peores alimentos para la salud, pero tiene un gran potencial para la producción de biocombustibles.

La investigación, realizada por los investigadores del ICTA-UAB Lewis King y Jeroen van den Bergh, evalúa la reorientación de las tierras de cultivo existentes para usos alternativos.

Aunque los campos de azúcar son de los cultivos menos eficientes, países como Brasil, India o China, encabezan los ránkings de mayores productores a nivel mundial. Sólo Brasil, cultiva cerca de 700.000.000 toneladas al año. 

Actualmente, la producción de azúcar es 4 veces mayor que en los años 60. Se calcula que cada persona consume alrededor de 24 kilogramos por año, de media.

Los autores examinan tres escenarios:

  • Reforestación por parte de la Unión Europea (UE) de sus actuales tierras de cultivo de azúcar.
  • Cambio de los cultivos de remolacha azucarera de la UE por la producción de etanol.
  • Exportación por parte de la UE de su excedente de producción de azúcar al tiempo que Brasil cambia sus cultivos de caña de azúcar por la producción de etanol.

Los resultados indican que las emisiones de gases de efecto invernadero podrían reducirse entre 20,9 y 54,3 MtCO2e al año en el primer escenario. Este ahorro sería el doble que en el segundo escenario, y unas cuatro veces mayor que en el tercero. 

La producción de etanol de caña de azúcar ya ha demostrado ser una alternativa económicamente viable al azúcar en Brasil. Por lo tanto, el impacto económico en los agricultores de la UE y de Brasil sería mínimo, lo que daría lugar a una especialización equitativa entre los países que proporcionaría mayor bienestar a través de la reducción de las externalidades negativas.

“Se trata de un claro ejemplo de cómo una amplia colaboración puede ayudar a dirigir la sociedad en una dirección más sostenible”

Jeroen van den Bergh, profesor de investigación ICREA en el ICTA-UAB.

Para lograr esta reducción del consumo de azúcar, es probable que se aplique un enfoque similar al que ha ayudado a la UE a reducir considerablemente su consumo de tabaco en las últimas décadas: educación y políticas orientadas al cambio de hábitos, con un importante papel de los impuestos.

Los impuestos sobre el azúcar han demostrado ser eficaces y políticamente populares en países como el Reino Unido, por lo que constituyen un instrumento político prometedor para contribuir indirectamente a la consecución de los objetivos del cambio climático.

Los impuestos sobre el azúcar no solo afectarán al uso final, sino que también reducirán el uso de azúcar en los sectores de producción, como el de las bebidas.

«El azúcar es posiblemente el cultivo menos eficiente para ser utilizado como alimento, y además de sus impactos negativos sobre la salud, es también el cultivo más eficiente para el biocombustible desde una perspectiva de energía neta”

Lewis King, investigador del ICTA-UAB

¿Qué podemos hacer?

Como consumidores y ciudadanos de a pie, nos hacemos un doble favor si reducimos el consumo de azúcar y compramos alimentos bajos en azúcar: por un lado velamos por nuestra propia salud, y por otro, por la salud del planeta.

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